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Cita

“Los adolescentes necesitan desesperadamente ser vistos, escuchados, recibidos, aceptados y animados a que asuman la responsabilidad de sus propias acciones.”

Jon y Myla Kabat-Zinn

adolescente tocando la guitarra b y n cita

Si te ha gustado esta cita tal vez te interese el libro en el que la he encontrado. Es una maravilla escrita por el matrimonio Jon y Myla Kabat-Zinn titulado “Padres conscientes, hijos felices”.

Dinámica de grupo para enseñar los beneficios de cooperar

Objetivos:  Conocer los beneficios de cooperar frente a competir.

Actividades:

1.  Juego: “Gana tantos puntos como puedas.

  • Se divide la clase en dos grupos y cada grupo nombra a un representante.
  • La profesora pone el título “Gana tantos puntos como puedas” en la pizarra y explica que ese será el objetivo del juego.
  • Se reparten a cada grupo dos folios: en uno pone X y en el otro Y.hormigas
  • Cuando la profesora cuente hasta tres, ni antes ni después, ambos equipos levantan uno de los dos folios. Previamente, habrán debatido y consensuado dentro del grupo (sin hablar con el otro grupo) si levantar la X o la Y atendiendo a los siguientes criterios:
    • si ambos grupos eligen la X ambos consiguen +5 puntos;
    • si ambos grupos eligen Y, ambos consiguen -5 puntos;
    • pero si un grupo elige la X y el otro elige la Y,
      • el que ha elegido X consigue -10 puntos
      • y el que ha elegido Y consigue +10 puntos.
  • Se repite lo mismo cuatro veces y se van apuntando los resultados en un cuadro de doble entrada en la pizarra a la vista de todos/as.
  • Antes de comenzar la quinta tirada la profesora les da la oportunidad de que se reúnan los representantes de cada equipo. El representante vuelve con su grupo y debaten nuevamente si elegir la X o la Y.
  • Se repite lo mismo pero sin que se vuelvan a reunir los representantes hasta llegar a diez tiradas.
  • Se suman lo resultados y se apuntan los totales de cada grupo.
  • Al lado de los totales se escribe el resultado obtenido en el supuesto de que los dos equipos hubieran elegido X en las diez ocasiones: 50 puntos.

2.  Reflexión final.

Tras comprobar, que por intentar quedar por encima del otro equipo (competir), los resultados en ambos equipos han sido inferiores a los 50 puntos que hubieran conseguido si hubieran cooperado y, por tanto, ninguno de los dos equipos ha alcanzado el objetivo del juego: gana tantos puntos como puedas.

Una vez analizado el juego se extrapola lo aprendido a situaciones de la vida diaria en los que se gana más si se coopera que si se compite.

La adolescencia como riesgo y oportunidad

adolescentes en el escateMe tropecé hace tiempo con un artículo que me llamó mucho la atención (publicado por el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Sevilla, Facultad de Psicología). Hasta ahora no me había atrevido a compartirlo por lo controvertido de algunas de sus afirmaciones. Pero me puede más la curiosidad… ¿Qué opináis sobre este fragmento?

“Nos atrevemos a afirmar que la toma de riesgos conlleva claras ventajas desde el punto de vista evolutivo, y por lo tanto, existirían razones para su mantenimiento sin tener que recurrir a explicaciones de carácter evolucionista… Frente a la concepción de la asunción de riesgos como un problema, especialmente durante la adolescencia, tendríamos que admitir la idea del riesgo como una oportunidad para el desarrollo y el crecimiento personal (Lightfoot, 1997). Para Jessor (1998), las conductas problemáticas del adolescente funcionarían como indicadores de la transición a un estado más maduro. Para apoyar esta idea no faltan los estudios longitudinales que encuentran que conductas de riesgo, como el consumo moderado de drogas durante la adolescencia, están relacionadas con un mejor ajuste psicológico en la adultez temprana (Baumrind, 1987; Shedler y Block, 1990). Es posible que una actitud adolescente conservadora y de evitación de riesgos esté asociada a una menor incidencia de algunos problemas comportamentales y de salud, sin embargo, también es bastante probable que esa actitud tan precavida conlleve un desarrollo deficitario en algunas áreas, como el logro de la identidad personal, la creatividad, la iniciativa personal, la tolerancia ante el estrés o las estrategias de afrontamiento.”

El adolescente: la cima del progreso humano

David Bainbridge, profesor de anatomía y clínica veterinaria en Cambridge, en su libro “Adolescentes, una historia natural”, nos ofrece una original perspectiva de esta importantísima etapa de la vida del ser humano.  Cuando sabemos de dónde vienen y para qué sirven los adolescentes es inevitable que cambie nuestra mirada.

Con estas citas comienza un libro totalmente recomendable:

  • “La evolución ha creado a los adolescentes porque éstos son el mejor modo que tenemos para llegar a ser adultos. (…) La adolescencia puede ser una época maravillosa y valiosísima.”
  • “La adolescencia no constituye meramente una enervante fase de transición, sino que es la piedra angular de la planificación vital: es el núcleo a cuyo alrededor girachicas en camion nuestra vida.”
  • “La próxima vez que los que sois padres tiréis, enfadados, del edredón que cubre a vuestro hijo, tened en cuenta que es probable que las pobres criaturas no puedan evitarlo.”
  • “La adolescencia es el motivo que explica que vivamos tanto, tanto, tanto. La longevidad humana se ha desarrollado porque tenemos que educar a nuestros hijos, que necesitan un apoyo intensivo y que se desarrollan con gran lentitud.”
  • “Si queremos impedir que los adolescentes entren en una lucha de por vida contra la depresión, lo primero que debemos hacer es aclarar por qué ésta se inicia con frecuencia en esa fase concreta de la planificación humana.”
  • “¿Cuándo se supone que deben mantener relaciones sexuales los adolescentes?”
  • “Muchos de los mejores chispazos de inspiración, invención y creación hallan sus orígenes en la caprichosa mente adolescente, y muchos genios admiten que sus años juveniles constituyen la fuente de su impulso.”
  • “El cerebro adolescente no es fácil de explicar, pues se comporta de un modo exclusivo y complejo, es de mayor tamaño que a cualquier edad, y su a parición en nuestra historia evolutiva precedió directamente la consecución de los increíbles poderes intelectuales de nuestra especie.”
  • “Muchos adolescentes sufren síntomas que, en los adultos, se considerarían patológicos –infelicidad prolongada, autocrítica compulsiva, procesos de pensamiento desordenados, ansiedad sin objeto-, pero los límites entre lo normal y lo anormal son muy difusos.”

4 Factores que influyen en la autoestima del niño y del adolescente

Para Coopersmith (1967) existen cuatro criterios para que un individuo estructure su autoestima.

  1. La significación: el grado en que el sujeto se siente cómodo y aceptado por las personas que son importantes para él.
  2. La competencia o grado que creemos poseer para desempeñar una tarea que consideramos valiosa e importante.
  3. La virtud o valoración moral o ética que hacemos de nosotros mismos.
  4. El poder o capacidad que la persona cree tener para controlar su vida e influir en la vida de los demás.

Considerando estos cuatro criterios, los factores que influyen en la autoestima del niño y del adolescente serán:

  • La educación familiar: “Los sujetos de autoestima alta coinciden con el perfil de educación familiar de estilo democrático, es decir, nino tumbado en las hojas de otonosujetos que gozan de un gran nivel de afecto y comunicación al tiempo que padecen grandes exigencias y controles, aunque los mismos sean ejercidos por los padres mediante técnica basadas en el razonamiento y en la explicación, animando a los hijos a afrontar situaciones que exigen esfuerzo mediante la persistencia en la tarea y, desde luego, siempre dentro de la posibilidades del individuo. Por el contrario, los sujetos de autoestima baja correlacionan con estilos de crianza autoritarios, poco afectuosos y casi nula comunicación, acompañado de un alto grado de exigencia y control” (González y Bueno, 2004, p.p. 508).
  • El grupo de iguales. La consideración dentro del grupo, es un componente esencial del auto-concepto y, consiguientemente, de la autoestima. La popularidad y la preeminencia dentro de dicho grupo, condiciona la evolución del adolescente. Pero, según parece, aun cuando es importante la opinión de los amigos, no va en detrimento de la influencia que ejercen los padres, cuyo papel sigue siendo fundamental incluso en la adolescencia.
  • Los profesores: inciden de forma importante en la configuración del autoconcepto, por ser quienes les evalúan en la escuela y quienes dirigen sus capacidades y contribuyen al desarrollan sus potencialidades.
  • Características personales: determinan, en gran parte, el éxito o fracaso de una acción sobre el adolescente. Cualquier tarea tiene efectos distintos según las características personales y sobre la autoestima del sujeto. Porque no todos reaccionan de la misma forma, ni su historial personal es el mismo. Ni, desde luego, sus condicionantes psicológicos.

La inteligencia emocional también correlaciona de manera positiva con el nivel de autoestima en cualquiera de las etapas de la vida. Cuanto más capaces seamos de gestionar nuestras emociones y las de los demás mayor será nuestra autoestima. Si estás interesado en aprender a gestionar tus emociones y las de los demás seguro que te interesa este curso de inteligencia emocional que imparto online: INFORMACIÓN SOBRE EL CURSO, ¡RESERVA TU PLAZA!

Entrevista a Mónica Manrique en Ràdio 9-Rtvv: “Una madre se pone en huelga doméstica para que sus hijas ayuden en casa”

Ayer por la tarde se pusieron en contacto conmigo desde Ràdio 9-Rtvv para comentar una noticia en directo:

Una madre se pone en “huelga doméstica” para que sus hijas ayuden en casa.

  • Dejó de poner lavadoras, limpiar platos, recoger toallas o preparar comida para llevar para que las niñas se dieran cuenta de que debían colaborar en las tareas del hogar.
  • Seis días duró el experimento hasta que al final las jóvenes de 13 y 10 años reaccionaron.

 

La iniciativa de la madre me parece buenísima, no podemos pretender que las cosas cambien haciendo siempre lo mismo.

Esta madre, con su huelga, ha movilizado la motivación intrínseca de sus hijas. La motivación por limpiar y recoger ha salido de ellas mismas, cuando han visto la necesidad de hacerlo. Motivar con premios y castigos solo resulta eficaz cuando el adulto está delante, y a veces ni eso.

Es peligroso sobreproteger a los hijos haciendo las cosas por ellos, porque les impedimos que desarrollen sus recursos y capacidades.

Antes de llevar a cabo una empresa como esta, es conveniente medir bien las fuerzas. Porque una vez que empiezas hay que ir hasta el final.

Esta madre con su esfuerzo ha hecho mucho por sus hijas.

Puedes escuchar la entrevista pinchando aquí a partir del minuto 37 y 37 segundos.

Taller: “Habilidades de comunicación para el manejo de los conflictos cotidianos”

Se aportarán las estrategias necesarias para conseguir una comunicación asertiva con l@s niñ@s y adolescentes que favorezca la resolución de conflictos y fomente un clima de seguridad y confianza. Trabajaremos:

  • modelos de conunicación,
  • escucha activa,
  • empatía,
  • reconocimiento verbal positivo
  • decir no, poner límites,
  • hacer y recibir críticas,
  • afrontar la hostilidad…
  • Fecha: 19 de octubre.
  • Hora: 18:00 – 20:00
  • Dirección: c/ Orense 8, 4ª. Madrid.      Nuevos Ministerios.
  • Precio: 20 euros.
  • Grupo: Máximo 5 personas. Padres y profesores.
  • Información y reservas: info@monicamanrique.com o por teléfono 91 8276209 / 669739633.

Cómo gestionar nuestra ira y la de nuestros hijos

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.”

Aristóteles, Ética a Nicómaco.

La ira se genera cuando tenemos la sensación de haber sido perjudicados o tratados injustamente (engañados, manipulados, traicionados, heridos…). También sentimos ira cuando un obstáculo se interpone entre nosotros y nuestros objetivos.

Esta emoción nos avisa de que algo debe cambiar, motiva a detener aquello que nos causa malestar. Disminuye el miedo y aporta la energía necesaria para actuar. Se trata de una emoción potencialmente peligrosa porque nos impide pensar con claridad y hace que actuemos de manera hostil y agresiva.

Cómo gestionar nuestra ira.

  • No dejar acumular lo que nos molesta sin expresarlo y sin pedir cambios.
  • El afrontamiento de la ira debe ir en la dirección de ver las cosas de forma diferente. Adoptar el punto de vista del otro hará que le comprendamos mejor y nos enfademos menos.
  • Nunca responderemos con la misma moneda (la ira provoca más ira y cierra las posibilidades de comunicación). En cuanto notemos las primeras señales de que podemos perder el control lo mejor será apartarnos de quien nos está enfadando.
  • No darle vueltas y vueltas a lo que nos causa rabia porque nuestra ira crecerá.
  • Cuidado con el desahogo gratuito, el maltrato psicológico o físico, las humillaciones, los insultos… Las consecuencias son muy graves.
  • Debemos resolver los problemas cuando estemos tranquilos y esté tranquilo también el otro para evitar una escalada de violencia.
  • Piensa que si pierdes el control, después te arrepentirás y te sentirás culpable.
  • Cuida tu descanso.

Cómo manejar la ira de nuestros hijos.

  • Es fundamental ser un buen ejemplo en la expresión y manejo de las emociones.
  • Nunca ceder a los deseos del niño después de un episodio de rabieta descontrolada, porque si no, pensará que esa es la manera de conseguir lo que pide.
  • No es aconsejable satisfacer todos los deseos del niño. Debe experimentar la frustración para poder aprender a manejarla. Adquiriendo más resistencia a la frustración tendrá menos rabia.
  • No se deben pasar por alto las agresiones. Si el niño es pequeño usaremos el tiempo fuera: le retiraremos de la escena de juego después de mostrar nuestro disgusto. Si el niño es mayor tenemos que dialogar con él.
  • Darle alternativas para actuar ante las injusticias: pedir ayuda, expresar verbalmente el malestar, distraerse…

¿Cómo ejercer la autoridad con nuestr@s hij@s?

Vivimos en una sociedad frenética llena de prisas y estrés en la que queda poco tiempo para compartir, educar y relacionarnos con nuestros hijos. Esta situación hace que día a día vayamos acumulando sentimientos de culpa como padres: ¿estaré dedicándole el tiempo suficiente a mis hijos? ¿Juego tanto como debiera con ellos? ¿Tendrán alguna carencia afectiva en el futuro por el poco tiempo de calidad que les puedo dedicar? ¿Lo estoy haciendo bien? Toda esta culpa que vamos acumulando nos hace muy vulnerables a sus chantajes emocionales y debilita nuestra autoridad como padres.

También merma nuestra autoridad el miedo a traumatizar a los niños por el mero hecho de ponerles normas y límites. Podemos pensar: “Pobrecito, cómo le voy a decir NO con lo mal que lo pasa”. Los niños necesitan normas y límites para crecer felices y sanos. No van a ser más felices por conseguir todo lo que les apetece y es necesario que aprendan a manejar la frustración, habilidad que les será muy útil a lo largo de la vida.

Pero la autoridad no siempre es bien entendida y a veces se confunde con el autoritarismo. Para ejercer nuestra autoridad como padres no es necesario convertirse en un dictador, y la disciplina no implica humillación. Se pueden imponer normas y límites con cariño y afecto.

Cuando nacen nuestros hijos todo está bajo nuestro control, el porcentaje de autoridad que ejercemos sobre ellos es del 100%. Es muy común que conforme los niños van cumpliendo años este control disminuya considerablemente hasta encontrarnos con familias que giran en torno a las apetencias de un pequeño tirano. Solemos pensar: “No quiero desperdiciar el poco tiempo que estoy con él enfadándome”, “Quiero darle todas las cosas que yo no he podido tener”, “Déjale que haga lo que quiera, es muy pequeño”… Puede resultar hasta gracioso que un niño de 3, 5 o 10 años haga lo que quiera, pero no nos hace tanta gracia que lo haga cuando tiene 15 y es entonces cuando pretendemos volver a tener un control del 100% sobre lo que hace. Entonces, ¿cómo tenemos que ejercer la autoridad sobre nuestros hijos en cada edad?

LA AUTORIDAD IMPOSITIVA (0-7 AÑOS)
Se trata de un tipo de autoridad unidireccional pero no por ello tiránica ni despótica. La autoridad impositiva deriva de la dependencia del menor y los padres deberán imponer pautas para su correcto desarrollo: dándole juguetes adecuados a su edad, ofreciéndole alimentos sanos y nutritivos, enseñándole reacciones correctas, pautando horarios y limitando las actividades peligrosas.
En esta etapa conviene que los límites sean claros, no demasiados, poco flexibles y fáciles de aplicar y entender por el niño.
Lo normal será que los niños reten a sus padres para ver hasta dónde pueden llegar.

LA AUTORIDAD EDUCATIVA (7-14 AÑOS)
El objetivo en esta etapa es que el niño aprenda los motivos por los cuales es exigida una conducta. No se prefiere la obediencia y la sumisión sin más, tendrá que ir entendiendo la razón de los límites y las normas e ir incorporando pautas de comportamiento. Seremos más flexibles, se amplían los márgenes y se tendrá en cuenta la opinión del niño. Las normas se amplían al orden, la limpieza, las tareas domésticas, la higiene…
Tendremos que utilizar premios (reconocimientos y recompensas) y castigos (reproches o pérdida de privilegios) sin dejar de reforzar porque pensemos que es su obligación.
Las conductas y sus consecuencias se clasificarán de manera simple y dicotómica en: correctas o incorrectas, válidas o inválidas, acierto o error. Sin matices.

LIBERTAD CONTROLADA (14-18)
A esta edad, los ya adolescentes han desarrollado muchas habilidades por lo que será conveniente comenzar a delegar ciertas funciones en ellos. Se deben ir permitiendo tiempos mayores y espacios diferentes de forma gradual mientras se supervisa y controla el uso que hace el menor de los privilegios concedidos.
Ahora la batuta será compartida, por lo que se recurrirá a las negociaciones, pactos y acuerdos.
Para cuando lleguemos a esta etapa los padres tendremos que haber conseguido tener autoridad moral, que los adolescentes confíen en nuestro criterio aunque no tengan por qué estar siempre de acuerdo.
Resumiendo, conforme aumenta la edad de nuestros hijos, debemos ir disminuyendo el grado de control que ejercemos sobre ellos, cediéndoles poco a poco más autonomía e independencia, sin adelantarnos y siempre en consonancia con las capacidades y necesidades del niño.