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Cuento: “Atreverse a ser uno mismo”

Tang era un pequeño obrero en un reino del Lejano Oriente. Trabajaba el cobre y fabricaba magníficos utensilios que vendía en el mercado. Tenía una vida feliz y una alta autoestima. Tan solo le quedaba encontrar a la mujer de su vida.

Un día, un enviado del rey llegó para anunciar que Su Majestad deseaba casar a su hija con el joven de mayor autoestima del reino. En el día estipulado, Tang se dirigió al palacio y se encontró con cientos de jóvenes pretendientes.

El rey los miró a todos y le pidió a su cambelán que les diese a cada uno cinco semillas de flores. Después, les rogó que regresaran en primavera con una maceta de flores salidas de las semillas que había hecho que les dieran.

Tang plantó los granos, los cuidó con esmero, pero allí no salió nada: ni brotes, ni flores. En la fecha estipulada, Tang cogió su maceta sin flores y partió hacia el castillo. Cientos de otros pretendientes llevaban macetas con flores magníficas y se burlaban de Tang y de su maceta de tierra sin flores.

Entonces el rey pidió a cada uno de ellos que pasaran ante él para presentar sus macetas. Tang llegó, algo intimidado ante el rey: “No germinó ninguna de las semillas Majestad” dijo. El rey le respondió: “Tang, quédate junto a mí”.

Cuando todos los pretendientes hubieron desfilado, el rey los despidió a todos excepto a Tang.ramos de tulipanes

Anunció a todo el reino que Tang y su hija se casarían el verano próximo. ¡Fue una fiesta extraordinaria! Y Tang y la princesa cada vez estaban más enamorados. Vivían felices.

Un día Tang le preguntó al rey, su suegro: “Majestad, ¿cómo es que me escogisteis como yerno si mis semillas no habían florecido?” ¡Ninguna semilla podía florecer! ¡Hice que hirvieran toda la noche! y tú fuiste el único en tener bastante autoestima y consideración hacia los demás para ser honesto. ¡Era un hombre así el que yo quería como yerno!

¿Cómo reconocer una conducta asertiva?

Todos tenemos conductas que pueden ser clasificadas como asertivas, agresivas o sumisas.

Dependiendo de cuál de las tres sea la más habitual en nosotros, podremos decir que tenemos un estilo: asertivo, agresivo o sumiso.

No debemos olvidar, que nuestra manera de actuar está muy influenciada por el contexto y por las personas con las que interactuamos.

Por un lado, una persona con un estilo inhibido o sumiso:

Por miedo a ofender, enfadar, molestar, hacer el ridículo o generar conflictos:

  • No se atreve a defender sus objetivos y necesidades.
  • No da su opinión, ni expresa sus emociones.
  • Y no es capaz de pedir ayuda.

Podríamos decir que respeta a los demás pero no se respeta a sí mismo.

A corto plazo consigue no generar conflictos. Pero a largo plazo:

o   Su autoestima se ve dañada y resultan poco atractivos a los demás. Hacen sentir a los otros culpables o superiores.

o   Además pueden sufrir ansiedad y problemas somáticos.

o   Es muy común alternar este estilo con explosiones de ira descontrolada.

En el otro extremo tendríamos el estilo agresivo:

  • Son personas que defienden en exceso sus derechos e intereses, sin tener en cuenta los de los demás.
  • Piensan que si no se comportan de manera agresiva serán excesivamente vulnerables.
  • Lo sitúan todo en términos de ganar-perder y se rigen por la ley de dominio-sumisión. O piso o me pisan.

Es verdad, que a corto plazo, consiguen lo que quieren de los demás y se sienten poderos y fuertes. Nadie se atreve a criticarles de forma directa por miedo.

Pero las consecuencias a largo plazo son nefastas:

o   Los demás se alejan o siguen a su lado sólo por miedo.

o   Su autoestima baja todavía más y sienten ansiedad y culpabilidad.

Por último, el estilo asertivo se caracteriza por:

  • Buscar la forma de conseguir sus objetivos sin dejarse llevar por las emociones del momento.
  • Expresa de forma clara y concreta sus deseos o necesidades siendo siempre respetuoso con los demás.
  • Sabe:

o   Hacer críticas sin ofender y también recibirlas.

o   Decir no.

o   Afrontar la hostilidad del otro sin “entrar al trapo”.

o   También es capaz de identificar sus emociones y expresarlas.

¿Y qué consecuencias tiene el comportamiento asertivo?

o   Suelen conseguir sus objetivos y resuelven conflictos de forma adecuada.

o   Su autoestima se ve fortalecida.

o   Resultan atractivos a los demás y consiguen tener y mantener relaciones profundas y duraderas.

Lo bueno de la conducta asertiva es que se puede aprender y entrenar.

Cómo manejar la rabia, la ira y el enfado

¿QUÉ ES?

  • Cuando algo se interpone entre nosotros y nuestros objetivos o estamos ante un hecho que nos resulta injusto sentimos rabia, ira o enfado.
  • Se manifiesta de forma violenta. Cuando más lo pensamos más nos enfadamos.
  • Nos avisa de que algo debe cambiar. Nos motiva para detener aquello que causa malestar. También puede ser contra nosotros mismos.
  • Disminuye el miedo y nos aporta energía para la acción.

QUÉ NO HAY QUE HACER CON NUESTRA RABIA, IRA O ENFADO

  • Nunca responderemos con la misma moneda (la ira provoca más ira y cierra las posibilidades de comunicación).
  • Cuidado con el desahogo gratuito, el maltrato psicológico o físico, las humillaciones, los insultos. Las consecuencias son muy graves para la autoestima y su motivación además les sirve de modelo a la hora de resolver problemas.

QUÉ DEBEMOS HACER CON NUESTRA RABIA, IRA O ENFADO

  • Tenemos derecho a estar enfadados y sobre todo cuando hay un motivo. La intensidad debe estar ajustada a la situación y hay que controlar la agresividad.
  • Debemos resolver los problemas cuando estemos tranquilos y esté tranquilo el otro para evitar la escalada de violencia.
  • Somos un modelo para ellos. Tenemos que aprender a expresarla de manera adecuada

QUÉ NO HAY QUE HACER CON LA DE NUESTROS HIJOS

  • Ceder a los deseos del niño después de un episodio de rabieta descontrolada porque reforzará esa manera de comportarse.
  • No es aconsejable satisfacer todos los deseos del niño.
  • No alimentar deseos que difícilmente pueden conseguirse.
  • No se deben pasar por alto las agresiones tanto verbales como no verbales a otros niños o adultos.

QUÉ DEBEMOS HACER CON LA DE NUESTROS HIJOS

  • El niño debe experimentar la frustración porque no podrá conseguir todos tus deseos ni controlarlo todo a lo largo de su vida. Más resistencia a la frustración-menos rabia
  • Darles alternativas para actuar: pedir ayuda, expresar verbalmente el malestar, distraerse, evitar determinadas situaciones.
  • Si el niño es pequeño usaremos el tiempo fuera: le retiraremos de la escena de juego después de mostrar nuestro disgusto. Si el niño es mayor tenemos que dialogar con él.
  • Empatizar con la emoción aunque no con los hechos.

La culpa y la vergüenza: qué son y cómo actuar ante ellas

¿QUÉ ES?

  • La culpabilidad es la conciencia de las consecuencias negativas de nuestros actos.
  • Nos sirve para reparar el daño, hacer algo positivo por la persona a la que hemos perjudicado.
  • La vergüenza es la emoción que experimentamos cuando hacemos algo mal o nos sentimos humillados delante de los demás.
  • Puede ser adaptativa ante comportamientos inadecuados desde un punto de vista social.
  • En exceso es bastante destructiva y fomenta las conductas de evitación e inhibición, el resentimiento y la agresión.
  • Si está muy extendida es signo de baja autoestima. Se siente vergüenChica con cinta en los ojosza cuando nos estimamos inferiores en algún aspecto personal al resto de las personas lo que implica una evitación de mostrar tal aspecto ante los demás por el temor a se juzgados negativamente y ser rechazado.
  • Las dos generan mucha ansiedad.

¿QUÉ NO HAY QUE HACER?

  • Nunca podemos responsabilizar a los niños ante situaciones de las que no sean responsables o escapen de su control. (Cuidado con el chantaje emocional). Esto provocaría un desasosiego incurable ya que no pueden reparar el daño y crearían niños ansiosos.
  • Responsabilizar o culpabilizar no es avergonzar. No debemos humillar o desvalorar a nuestros hijos. Puesto que avergonzar es una manera de cuestionar al niño y no su conducta.

¿QUÉ HAY QUE HACER?

  • Responsabilizar a los niños por el daño que hayan causado cuando esta bajo su control.
  • Ir aumentando la responsabilidad conforme el niño va haciéndose mayor.
  • Es importante expresar orgullo por los éxitos de nuestros hijos, valorar los errores como algo normal, reconocer su derecho a no saber, a ser diferente y a no gustar a todos.