Archivo por meses: Enero 2012

Cita

“Llevo siempre conmigo una íntima preocupación que me hace ver y buscar peligros incluso allí donde no existen. Esto hace crecer hasta el infinito en mi interior la mínima adversidad y me dificulta de manera extrema la relación con los otros seres humanos.” S. Kierkegaard

Cómo entrenan los padres la inteligencia emocional de su bebé

Desde el punto de vista fisiológico, el bebé humano es aún una parte importante del cuerpo de la madre.

  • Depende de la leche de la madre para alimentarse,
  • y también depende de ella para regular su frecuencia cardíaca y su tensión arterial, así como para su defensa inmunitaria.
  • El contacto físico con la madre regula la actividad muscular del niño y también el nivel hormonal.
  • El cuerpo de la madre lo mantiene caliente y, además,
  • acariciándole y dándole el alimento, la madre hace que disminuyan las hormonas del estrés del bebé.

Esta regulación fisiológica básica hace que el bebé se mantenga con vida.
Lo más difícil de los bebés es que necesitan ser cuidados de manera casi continua durante meses.

  • Cusk (novelista): “Esta tarea constituye una especie de servidumbre, una esclavitud de la cuál uno no puede escaparse”.Mama con bebe amarillo

Los bebés necesitan que la persona que los cuide se identifique con ellos de tal manera que sienta como propias las necesidades de ellos; puede decirse que el bebé es, todavía, como una extensión de dicha persona desde el punto de vista fisiológico y psicológico.

La primera función reguladora entre madre y bebé tiene lugar a nivel no verbal. La madre la lleva a cabo, principalmente, con su rostro, su tono de voz y sus caricias.
Cuando el bebé llora desconsoladamente y está sobreexcitado, la madre lo tranquiliza sumergiéndose en el estado de ánimo del bebé con una voz sólida y que contenga alguna de las características de la voz del bebé  para identificarse con él y, a continuación, bajando gradualmente la voz, logra que el bebé se vaya calmando poco a poco. Otra manera de tranquilizar a un bebé excitado es cogerlo en brazos y mecerlo.

Los progenitores que no pueden identificarse con el bebé debido a sus limitaciones para darse cuenta de sus propios sentimientos y poderlos regular, tienden a perpetuar este problema de regulación de los sentimientos, ya que el bebé adopta el mismo modelo del progenitor.

  • En este sentido el bebé no podrá aprender a controlar sus estados de ánimo y hacer que vuelvan a su nivel normal si no lo aprende, desde el comienzo, a través de los padres.
  • Incluso puede ocurrir que vaya creciendo con la convicción de que los sentimientos son innecesarios ya que los padres no se dan cuenta de ellos o no les interesan.

Los bebés son muy sensibles a este tipo de mensajes implícitos y, al comienzo de sus vidas, responden más a lo que los padres hacen y no tanto a lo que dicen o piensan que hacen.

Pero si los padres están en contacto con los estados de ánimo del  bebé y responden a ellos sin tardanza, y se restaura en el bebé el sentimiento de bienestar, esta dinámica hace que los sentimientos puedan surgir y que el bebé se dé cuenta de ellos.

Para que los modelos de funcionamiento comiencen a emerger es esencial que los cuidadores respondan a los estados del bebé de manera predecible.

  • Por ejemplo, el bebé puede darse cuenta de que “cuando lloro, mamá siempre me coge en brazos suavemente”, o “cuando coge su abrigo, pronto siento el olor del aire fresco”.
  • Daniel Stern (1985) los denomina: “representaciones de interacción que se han generalizado” (RIGs)
  • John Bowlby (1969) se refiere a ellos como “modelos de funcionamiento interno”.Wilma Bucci (1997) habla de “esquemas emocionales”.
  • Robert Clyman (1991) les da el nombre de “memoria de procedimiento”.

Todos están de acuerdo en que las expectativas respecto a las otras personas y a cómo ser comportarán, se inscribe en una zona de nuestro cerebro durante la infancia, fuera de la conciencia, y que se hallan en la base de nuestra conducta relacional a lo largo de la vida.

Los progenitores han de llevar a cabo, realmente, el papel de “entrenador emocional”.

( Fragmento extraido de: Gerhardt, S.; (2004). El amor maternal: La influencia del afecto en el desarrollo mental y emocional del bebé. Barcelona: Editorial Albesa, S. L.)

Cómo influyen las primeras experiencias en nuestra vida

El condicionamiento de la mente de un bebé es el principal factor determinante del carácter de los alcances seleccionados para usar en su vida. El bebé espera ser guiado a través de sus experiencias y recibir una gran cantidad y variedad de señales. Espera, además, que las experiencias que le guían tengan una relevancia directa y utilizable en las situaciones con las que se encontrará mas tarde en la vida.

Cuando sus experiencias posteriores no tienen el mismo carácter que las experiencias que le condicionaron, tiende a influenciarlas para que adquieran aquel carácter, para mejor o para peor. Si está acostumbrado a estar solo, arreglará su vida inconsbebe con padre tocando la guitarracientemente para asegurarse un nivel similar de soledad. Su tendencia a la estabilidad se opondrá a los intentos por parte suya o de las circunstancias a hacer que esté mucho más o mucho menos solo que de costumbre.

Incluso tendrá que mantener un nivel habitual de ansiedad, ya que la pérdida repentina de cualquier cosa sobre la que preocuparse puede causar en él una ansiedad muchísimo más profunda e infinitamente más aguda. Para alguien cuyo hábitat natural está al borde del desastre, un paso agigantado hacia la seguridad le resulta tan intolerable como el cumplimiento de aquello que más teme. Está en juego la tendencia a mantener lo que debió de haber sido el nivel más alto de bienestar establecido en la primera infancia.

Nuestros estabilizadores innatos se oponen a los cambios radicales que afectan a nuestra propia medida del éxito o el fracaso, de la felicidad o infelicidad y a los cambios en general que afectan a nuestras asociaciones establecidas, y a menudo nos descubrimos enfrentándonos a ellos con nuestra voluntad. La voluntad raras veces tiene efecto alguno sobre la fuerza del hábito. Pero a veces son los acontecimientos exteriores los que imponen los cambios. Los estabilizadores equilibran entonces las situaciones que no pueden asimilarse tal como son. Las distracciones, como los agotadores pero familiares problemas pueden mitigar un éxito o un fracaso intolerables.

Texto extraido de:

M. Liedloff; (2003). El concepto del continuum. En busca del bienestar perdido. Tenerife: Editorial OB STARE)

¿En qué piensa un bebé?

En las primeras etapas después de nacer, la conciencia de un bebé se encuentra en un estado que es todo sensaciones: no tiene la capacidad de pensar en el sentido de  razonar, memorizar conscientemente, reflexionar o enjuiciar. Quizás podría decirse que es más sensible que consciente.  Mientras duerme, el bebé es consciente de su estado de bienestar, al  igual que un adulto que duerme con su pareja es consciente de su presencia o ausencia. Cuando está despierto es mucho más consciente de su estado, pero de un modo que en un adulto se llamaría subliminal. En cualquierbebe con fondo marrona de estos dos estados, es más vulnerable a su experiencia que un adulto, ya que no tiene ningún precedente con el que clasificar sus impresiones.

La falta de un sentido del paso del tiempo no supone una desventaja para un bebé intrauterino o para un bebé que esté en contacto con el cuerpo de la madre, simplemente se sienten bien; pero para un bebé que no esté pegado al cuerpo de la madre, el hecho de no poder mitigar cualquier parte de su sufrimiento mediante la esperanza- que depende de un sentido del tiempo- es quizás el aspecto más cruel de su terrible experiencia. De ahí que su llanto no pueda contener ni siquiera un vestigio de esperanza ya que actúa como una señal para encontrar alivio. Más tarde, a medida que las semanas y los meses van transcurriendo y la conciencia del bebé aumenta empieza a sentir un indicio de esperanza y el llanto se convierte en un acto asociado a un resultado, ya sea negativo o positivo. Pero la aparición de un sentido del tiempo a penas de ayuda a que las largas horas de espera sean más llevaderas. La falta de una experiencia anterior hace que el tiempo le resulte intolerablemente largo a un bebé que esté en un estado de anhelo.

Incluso años más tarde, cuando aquel niño tenga cinco años la promesa hecha en el mes da agosto de regalarle una bicicleta en navidad le resulta tan satisfactoria como no prometerle nada. A los diez años el tiempo se ha reorganizado en vista de la experiencia hasta el punto de que aquel niño puede esperar de una manera más o menos agradable un día para recibir algunas cosas, una semana para obtener otras, y un mes para algo muy especial, pero un año sigue sin tener demasiado sentido para él en cuanto a mitigar su deseo, y la realidad presente contiene una cualidad absoluta que dará paso solo después de experimentar muchas otras experiencias a un sentido de la naturaleza relativa de los eventos según la propia escala del tiempo. Solo a los cuarenta o cincuenta años, la mayoría de  la gente tiene alguna perspectiva de la verdadera dimensión de un día o de un mes en el contexto de toda un vida mientras que solo algunos pocos gurús y octogenarios son capaces de apreciar la relación entre los momentos o la vida de uno y la eternidad al comprender plenamente la irrelevancia del arbitrario concepto del tiempo.

Un bebé- como un gurú iluminado- vive en el eterno ahora. El bebé que está pegado al cuerpo de su madre- el gurú- viven el ahora en estado de beatitud; en cambio, el bebé que no está en contacto con el cuerpo de su madre lo vive en un estado de un vivo deseo insatisfecho en medio de un inhóspito universo vacio. Sus expectativas se mezclan con la realidad, y las expectativas innatas y ancestrales son recubiertas- en vez de ser cambiadas o reemplazadas- por las expectativas basadas en su propia experiencia. Cuanto más diverjan estos dos grupos de expectativas, más alejado estará de su potencial innato de bienestar.

Texto extraido de:

M. Liedloff; (2003). El concepto del continuum. En busca del bienestar perdido. Tenerife: Editorial OB STARE)