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Aprendiendo educación sexual con Andrea Martínez

Andrea Martínez es Psicóloga y Sexóloga. Trabaja como terapeuta ofreciendo terapia psicológica, sexológica y de pareja, y como divulgadora en distintos centros y plataformas para promover la salud psicológica y sexual.
https://andreaylasexologia.wordpress.com/

¿A qué edad es adecuado empezar a hablar de sexo?

Esta duda es muy frecuente, porque muchas madres y padres temen el momento en el que va a llegar la clásica pregunta: “¿De dónde vienen los bebés?”. En realidad, sus preguntas (aunque puedan incomodarnos) pueden ser las mejores oportunidades para hacer educación sexual; y para educar es necesario no mentir. Es evidente que hay ciertos detalles que podemos omitir porque a su edad no sepan comprenderlos, pero debemos buscar adecuar nuestras explicaciones a cada edad; cualquier momento puede ser bueno. Además, debemos tener en cuenta que educar en sexualidad no es sólo hablar de reproducción. Si hacemos esto estaríamos cayendo en el error de equiparar la sexualidad con el coito, cuando en realidad es mucho más que eso. Desde que nacen, niñas y niños tienen su propia vivencia de la sexualidad y están expuestos a estímulos relacionados con ella: por ejemplo, sin darnos cuenta les educamos en determinados roles de género por medio de la ropa que les ponemos, los juguetes, las indicaciones que les damos sobre su comportamiento… y también son testigos de nuestro lenguaje y nuestras muestras afectivas. Podemos aprovechar muchas ocasiones cotidianas no sólo para explicar sino para ver qué ideas se han ido formando (“¿Qué te gusta más?”, “¿Por qué crees que se están dando un beso esos personajes?”, “¿Sabes lo que significa esa palabra?”).

¿La educación sexual es responsabilidad de la familia o de la escuela?

Todas las personas adultas que rodean a nuestras hijas e hijos están “haciendo educación sexual” de manera directa o indirecta. Evidentemente, el mayor peso de la educación recae sobre las familias y el profesorado, por lo que la colaboración es fundamental. Actualmente, muchos centros educativos cuentan con talleres y actividades en materia de educación sexual. Aunque es muy positivo no debemos delegar por completo, ya que que el papel de la familia es importante. También puede ocurrir que algunas familias no estén de acuerdo con el enfoque que se sigue en el colegio o el instituto; ante esta situación debemos preguntarnos ¿De qué les estoy privando? ¿Qué alternativas educativas voy a proporcionarles? El acceso a la educación sexual está recogido en la Declaración Universal de los Derechos Sexuales aprobada por la Asociación Mundial de Sexología, ya que se ha comprobado que los países y las regiones que no cuentan con programas de educación sexual presentan mayores tasas de embarazos no deseados y conductas de riesgo.

¿Cuál es la mejor manera mantener una conversación sobre sexo?

Primero es importante que revisemos nuestros propios pudores, inseguridades y prejuicios. Es posible que queramos educarles en aceptar su propio cuerpo y que sin embargo sintamos vergüenza de que nos vean sin ropa; puede que deseemos educar en igualdad y que en nuestra familia se nos escapen frases como “Dile a Mamá que te lo limpie” o “¡Ya verás cuando llegue tu padre!”. O también puede ser que desarrollen una identidad o comportamientos que chocan con nuestras expectativas. Es normal que tengamos nuestras dudas y contradicciones, e incluso que no sepamos cómo responder a algunas de sus preguntas. Pero en realidad las dudas nos pueden ayudar a revisarnos y aprender de la mano de nuestros peques. Aunque nos educaron en ciertas ideas sobre los genitales, las relaciones… podemos empezar a desafiarlas explicándoles cómo hay personas que tienen vulva, otras que tienen pene y otras que tienen genitales intermedios (personas intersexuales). O, por ejemplo, preguntas que en personas de nuestra generación pueden estar normalizadas, como “¿Ya te gusta alguna niña/niño?” nos pueden servir para no dar por hecho la heterosexualidad. Hay veces en las que simplemente podemos decirles que no tenemos todas las respuestas, pero podemos buscarlas junto a ellos/as recabando información.

A muchas madres y padres les preocupa lo fácil que es acceder a la pornografía… ¿qué podemos hacer con esto?

No podemos negar la realidad. Por mucho que nos esforcemos en proteger los dispositivos de casa con servicios de control parental, van a topar con el porno más tarde o más temprano (hay datos que estiman que la mayoría tienen su primer contacto con la pornografía entre los 8 y los 10 años). Por eso es positivo hablarles de ello con antelación. Si les comentamos que en algún momento puede que se encuentren imágenes de personas desnudas, teniendo relaciones sexuales… podremos fomentar que lo vean con ojo crítico. Si es algo que castigamos y prohibimos, crearemos un clima de censura y no se sentirán en confianza para poder preguntarnos (y probablemente fomentaremos el atractivo de lo prohibido). En cambio, si toleramos nuestra incomodidad y nos sentamos a hablar del tema, podremos explicarles que la mayor parte de la pornografía es una representación que no se corresponde en absoluto con la realidad; el porno que predomina en Internet presenta con frecuencia dinámicas sexistas, racistas, objetificadoras, violentas… lo más relevante no es si lo consumen o no, sino cómo lo interpretan. Debemos valorar su grado de madurez emocional para explicarles que es “una cosa que algunos mayores ven, pero que a los niños/as no suele interesarles y por eso las imágenes resultan tan impactantes” (en el caso de edades más infantiles) o, si lo ven de adolescentes, que sepan en qué consiste y lo que hay tras esas imágenes.

¿Cómo podemos reaccionar en situaciones incómodas, por ejemplo, al pillar a nuestra/o hija/o masturbándose?

En este “temido momento” tenemos que tener de nuevo en cuenta la edad, aunque siempre deberíamos tener la misma idea de fondo: que nuestras hijas e hijos, aunque sean menores de edad, son personas con derechos; por tanto, tienen derecho a su intimidad. Así, si ocurre en la adolescencia lo más adecuado suele ser simplemente pedir disculpas y dejarle su espacio. No obstante, las niñas y los niños más pequeños también se tocan. A muchas personas adultas esto les incomoda, pero no hay que olvidar que la mente infantil no ve este gesto con una perspectiva como la nuestra; es simplemente una manera de explorar su cuerpo y reconocer las maneras de tocar que les resultan agradables. De nuevo tendríamos que incidir en el tema de la intimidad: podemos explicarles (y digo explicarles, no regañarles) que es normal que les guste hacerlo, pero que es algo que se hace en privado. Y es igual de importante transmitirles que tienen derecho sobre su cuerpo de la misma manera que el resto de personas lo tienen sobre el suyo propio. Por ejemplo, puede que nuestro hijo intente verlos genitales de otro niño o agarre el pecho de una mujer de la familia; en situaciones como estas solemos caer en castigar su conducta o reírnos de lo sucedido, cuando en realidad es una oportunidad para explicar que los demás también tienen sus “zonas íntimas” y que hay que pedir permiso y respetar. A veces les mandamos mensajes contradictorios: por ejemplo, podemos criticar que les guste tocar sus genitales mientras que en otras ocasiones les presionamos para que den besos a otras personas cuando no les apetece. Enfatizar sus derechos sobre el cuerpo es importante para el desarrollo de su sexualidad.

¿Y si nos pillan a nosotros/as en un momento íntimo?

Esta es otra típica situación que resulta incómoda para ambas partes. Puede que parezca raro, pero esa incomodidad puede ser un punto de partida. En lugar de esforzarnos por hacer “como si no hubiera pasado nada”, podemos empezar por sacar ese tema diciendo frases como “Entiendo que te haya podido resultar muy violento… a mí me incomoda también”. A partir de ahí, podemos disculparnos si ha sido por un descuido nuestro y comprometernos a tener más cuidado. Si no, siempre es posible remarcar que, como pareja, también necesitamos nuestra intimidad; así, será posible pactar algunas normas en casa para que todo el mundo pueda disfrutar de su privacidad. Ante cualquiera de estas “conversaciones incómodas” podemos encontrarnos con que no quieran hablar. Antes de presionar, siempre podemos ofrecernos disponibles para cuando quieran hacerlo o buscar el apoyo de otra persona de la familia o de nuestro entorno con quien se sienta más capaz de hablar.

¿Entonces, debemos tener cuidado con nuestras muestras de cariño?

Las personas adultas de su entorno somos el ejemplo más próximo que tienen. Hacer de modelo para que desarrollen unas conductas afectivas sanas puede tener una influencia muy beneficiosa en su desarrollo. Las muestras de cariño físico como los besos o los abrazos no es algo que debamos censurar, pero saber que somos un referente puede servir para que revisemos algunos de nuestros comportamientos. Podemos darnos cuenta de que, en nuestra manera de relacionarnos, ejemplificamos ciertos roles de género o determinadas dinámicas y podemos aprovechar para replantearnos la manera en que nos relacionamos como adultos.

Y cuando son adolescentes… ¿cómo podemos asegurarnos de que se inician en las relaciones sexuales de manera sana?

Está claro que lo que más nos importa es su seguridad, pero debemos tener cuidado con los mensajes alarmistas. Nuestras preocupaciones pueden estar muy sesgadas por el género: es común que las chicas reciban constantemente advertencias y consejos para que “tengan cuidado”, como si sólo pudieran ser víctimas de agresión y no agentes de su propia sexualidad; creo que es conveniente que empecemos a cambiar los “ten cuidado” por “lo importante es que disfrutes con quien te respete” o “no hagas nada que no quieras hacer”. De la misma manera, hay una carencia importante en la educación de los chicos acerca del consentimiento; no olvidemos que ellos también están afectados por el sexismo que persiste en nuestra sociedad, y pueden crearse ideas equivocadas sobre la manera de relacionarse y vivir la sexualidad. La educación sexual de los chicos (especialmente de los chicos heterosexuales) se ha basado casi exclusivamente en que usen el preservativo para no dejar a ninguna chica embarazada. Aunque esto es importante, educarles en el respeto y el consentimiento es algo que no podemos permitirnos pasar por alto. Esto no sólo se aplica a sus relaciones con contacto sexual, sino también al uso de su imagen en mensajes y redes sociales. Los menores (las chicas en mayor medida) son vulnerables a que otras personas usen su imagen sin consentimiento. Debemos transmitirles que nunca deben hacer nada bajo presión, como quitarse la ropa ante alguien que les está grabando, ya que hay personas que pueden querer difundir sus imágenes. En caso de que sean vícitmas de delitos como el grooming y el “porno de venganza” (situaciones en las que una persona obtiene imágenes íntimas para uso personal o para su difusión), nunca debemos echarles la culpa. Sacarse fotos íntimas no es un delito; la coerción y la difusión sí lo son. Por eso es también importante remarcar que, si reciben contenido sexual que pueda ser de este tipo, deben denunciarlo y en ningún caso reenviarlo.

Las madres y padres me preguntan mucho sobre cuál es la edad más adecuada para que sus hijas e hijos pierdan la virginidad. ¿Cómo contestas a esta pregunta?

El concepto de “virginidad” es erróneo en sí mismo. Damos una importancia exagerada a la primera relación coital, cuando en realidad a lo largo de nuestra vida sexual experimentamos muchísimas “primeras veces”. Antes de tener sexo con penetración la mayoría de adolescentes ya realiza otras prácticas sexuales. Por eso es importante promover los métodos de protección y el consentimiento en todas las prácticas sexuales, ya que si no podemos caer en la falsa idea de que unas cuentan más que otras. La edad legal de consentimiento en España es 16 años, pero el grado de madurez varía mucho entre adolescentes. El hecho de que muchos/as menores se inicien a edades más tempranas en algunas prácticas sexuales es mayor motivo para hacer educación sexual desde la infancia. Así que no existe edad idónea pero sí existe la preparación psicológica adecuada.

También me transmiten la duda entre si dejarles mantener relaciones sexuales en la casa familiar o no.

En muchas casas es un tema delicado; hay familias que consideran que dar un espacio íntimo en casa es fomentar el “todo vale”, en otros hogares se considera una “falta de respeto”… La realidad es que, sea en casa o no, van a hacerlo igualmente. Es decisión de los adultos de la casa permitir que haya un espacio para su intimidad en el hogar o no, pero a quien le incomode la idea de que sus hijos/as puedan tener sexo en su habitación deben saber que si no es en su cama las tendrán en un coche, un portal o un descampado. Cada familia debe negociar sus propia normas.